sábado, 21 de enero de 2012

HISTORIAS DE NADGLIM: LA GUERRA DE LA CORONA BLANCA - CAPÍTULO 4

Sachel y Lothgrim salieron del Castillo Real y se unieron con el resto de los Guardianes de la Hoja.
-¡Guardianes, al Círculo Plateado!- ordenó Lothgrim.

Cada una de las casas poseían su propio Círculo en el Bosque Encantado, una amplía zona en donde los arboles formaban una amplia cúpula en donde se podía entrenar y, en casos como la Casa del Martillo Divino, los grandes herreros de Lifridon, podían trabajar cómodamente.

A mitad de camino, Sachel se recuperó del impactó que le había causado estar frente a las Grandes Majestades de Lifridon y se animó a preguntarle a Lothgrim algo que se le había atragantado en la garganta: -Lord Lothgrim (Sachel había aprendido en el corto tiempo que habían estado juntos a tratarlo con el respeto que merecía), ¿Quién era Argalión?-
Lothgrim giro su rostro y miro a Sachel con una sonrisa –Argalión fue uno de los más grandes guerreros que vio nacer la raza humana y, en el tiempo que pasaron con sus hermanos en Lifridon, se convirtió en un gran amigo mio; fue el quien derrotó al Lord Draconido Argon, Señor Oscuro del Oeste. Ni bien te vi, pude reconocer su fuerza en ti, y mi impresión fue confirmada, como has visto, por la Reina; no hay ya la menor duda que perteneces al noble árbol de Argalion y quizás seas su última rama.

Al llegar al Círculo de Plata, Sachel quedó fascinado al ver entrenar al resto de los Guardianes de la Hoja Plateada que no habían tomado parte de la expedición contra los incursores orcos. Al ver llegar a su Comandante se detuvieron y lo saludaron.

-Guardianes- habló con vos potente Lothgrim –a partir de hoy, se unirá a nuestras filas el joven Sachel, de la raza humana, y heredero de la Casa de Argalión- al ver como muchos de los Guardianes miraban a Sachel con recelo continuó –sé que muchos de ustedes desconfían y hasta odian a la raza humano, y se bien que tienen motivos para hacerlo, yo estaba junto a la mayoría de ustedes cuando el cobarde Goroth nos traicionó, pero también estuve cuando Argalión, noble antepasado del aquí presente, acabó con el Tirano Argon, cuyo reinado Oscuro podría haber puesto fin a la era de luz en Nadglim. Solo pido a ustedes que le den una oportunidad, así como nuestras Majestades se la han dado. Ahora pueden continuar-.

Lothgrim comenzó a caminar y Sachel lo siguió. En cuanto tuvo oportunidad le pregunto en vos baja -¿Llegaran a aceptarme mi Señor?-.
-Puede que tarde algo de tiempo- respondió Lothgrim –pero estoy seguro que con tus actos pronto verán en ti el valor que yo pude ver. Ahora es momento que comiences a aprender nuestro estilo de combate, la Espada Danzante observa con cuidado- dijo apuntando a dos Guardianes- nosotros combatimos tan solo con una armadura de cuero liviano para tener el menor peso posible y no usamos escudo sino dos espadas, las cuales, si bien filosas, también son lo mas liviana que pueden forjar nuestros mejores herreros. Nosotros nos basamos en la velocidad y no en la fuerza, no necesitamos defensa porque nuestros movimientos confunden a nuestros enemigos y son incapaces de tocarnos. Si bien normalmente se requieren muchísimos años de entrenamientos para perfeccionar nuestro arte, mas de los que componen la breve edad viril de la raza humana, algunos de ustedes poseen lo que se podría llamar talento natural, que les permite aprender a una velocidad muy superior a la de nosotros los elfos. Argalión tenía ese talento natural y estoy seguro que tu también.

De repente Sachel vió a un grupo de Guardianes de la Hoja utilizar certeramente el arco y flecha y recordó las flechas que dieron muerte a los primeros orcos que lo atacaron en su aldea.
-¿Qué hay de ellos mi Señor?- preguntó Sachel
-Los arqueros también son una parte fundamental de los Guadianes de la Hoja Plateada- respondió Lothgrim –nuestro estilo para ser efectivo requiere acercarnos al enemigo. Si bien para ello nos basamos mucho en el sigilo, nuestros arqueros son necesarios para distraer a nuestros enemigos. Igualmente no te concentres en ellos, jamás podrás utilizar un arco a ese nivel, ninguna de las razas de Nadglim puede igualarnos en el uso del arco, incluso Licalion, el hermano de Argalión y uno de los mejores arqueros humanos que he visto, no podía igualar a ninguno de nosotros.

Lothgrim siguió caminando hasta una tabla de piedra. Al llegar agarró dos espadas sin filo y se las ofreció a Sachel al tiempo que decía –Sachel, tus días de aldeano quedaron atrás, a partir de este momento comenzaras tu entrenamiento como un Guardián de la Hoja Plateada-.

2 comentarios:

  1. che, basamos nuestra fuerza en la agilidad y no en la fuerza y unos capítulos antes un elfo pasado de esteroides...

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  2. Ya te había explicado que la mutilación del Orco fue una cuestión de gran velocidad y espadas extremadamente filosas. La fuerza no tuvo nada que ver.

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